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DELIRIOS DE flaqueza

Perdiendo al escondite

Perdiendo al escondite Puedo tirarme una semana sin escribir una mierda
y luego retorcerme entre lunas de tinta
durante cuatro noches seguidas

Y vale que si, que ya lo se,
que no tienen cabida en un mismo lecho
una zorra y un corcel,
pero prefiero quebrarme la cabeza
pensando en un par de muslos
y en secretos al oído,
antes que no pensar en nada
y caer en la trampa de la rutina
que la vida intenta plantar a los pies de mi cama
y yo esquivo dando un salto hasta la ventana,
para pensar en ese contigo que no existe
y convertir en decretos de corazón esos secretos
que no son tuyos, porque tú no eres nadie

Porque tu no eres ninguna, y eres un poco de todas ellas
que luego a la hora de la verdad no son tantas y se repiten,
y a base de repetirse pierden la gracia
como los chistes malos que se cuentan en las plazas de madrugada

Porque me canso de buscarte y no encontrarte
y aun así engañarme pensando que esta vez si,
que esta vez he dado contigo,
pero se me revela la aorta, y me dice que no...

que no cabrón,

que tampoco es ella,

porque ella no te diría esas cosas, ni llevaría esos zapatos
y ella sabría quien es Kerouac y aunque lo permitiera
no daría por sentado que vas a invitarle a la cerveza

Y me invento puntos suspensivos para salir de las comas,
porque prefiero vaciar los pulmones de golpe
a respirar poco a poco, ... , ... , ... ,
y en vez de dormir a estas horas, escribo y me re-escribo
porque en realidad no hay mucho más que decir
de lo que yo ya no me haya dicho en algún momento
alguna de las veces que volvía a casa solo y borracho,
o acompañado, pero solo y borracho igualmente,
evitando ahogarme en las riadas de agua
de los servicios de limpieza municipales


Y yo la sigo buscando como el que compra el cupón de la once
y siempre gana el reintegro para tener otra oportunidad
de perder de nuevo un intento en el intento en encontrar el premio

La busco como el que busca a Dios en misa de once,
pero con mucha menos fe y con un poco más de esperanza,
como el corsario que busca su tesoro de monedas de oro
y que no se quiere conformar con un puñado de monedas de plata,

Y mientras más la busco más me pierdo en mis renglones,
más delego mis pensamientos en la inercia
de las yemas de estos dedos,
que quieren cambiar las letras del teclado por unas caderas
que hagan cambiar bruscamente el sentido
de este puñado de palabras que la andan buscando
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