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DELIRIOS DE flaqueza

Aullidos

Actitudes y peldaños

Actitudes y peldaños


No sabes si quieres encajar,
si te va grande el papel
o si, es que quizás, tal vez
prefieras tus crisis de identidad
a quemar las ganas persiguiendo
como hacen otros desde España
el maldito sueño americano.

Tienes claro sin embargo
que no te quieres hipotecar,
que no todo es cuestión de fé,
y que de momento dejarse llevar
no tiene por qué ser necesariamente
la peor de las estratagemas

Y te conformas con domesticar
esa sensación extraña del domingo
que se te anuda a traición
más allá del cielo de la boca,
recordándote, lo siento colega
que el tiempo pasa y que
ya no estás hecho un chaval


Agarrarte, entretanto
a tus instintos primarios, conservar
esa libertad de movimientos,
saber pronunciar
sin que te tiemble la voz
las veces que haga falta
te quiero, perdón y lo siento.

Dormir con la tranquilidad
de no necesitar todavía
un revolver bajo la almohada,
con el que volarse la cabeza
si algún día todo se va pal carajo.

Sonreir sin embargo, pensando 
que, oye, tampoco lo haces tan mal.


 

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("Amar" con palabras de cuatro letras)

Anda ella sola como gata,
vaga como bajo pena,
bebe anís seco para huir...
Pero jura amor ante todo;
Mira niño, dice:
"ante esta puta vida,
tras caer,
solo cabe amar"
Ante esto cojo aire,
fumo, digo:
"¡anda, tira para aqui, piel roja! Toma esta copa"
Reía ella,
pero vino.
Olía bien.
Ojos miel, tono ocre.   
"vale nena, -dije- vive solo para amar
¡Pero nada dura! Esta vida pasa, leve, pero pasa.."  
¿Hizo algo ella?
Esta gata mutó como loba bajo luna gris...
Besa como loca, pero besa bien...

Genotipo del Sur

Genotipo del Sur

El difícil funambulismo de los
tipos duros pero no tanto,

tipos valientes como para
no avergonzarse en público
de sus sentimientos,
pero aun delicados
como para seguir mezclando
whisky escocés
con refrescos carbonatados.

Adaptación al medio,
trilobites de ciudad,
genotipo del Sur,
la inocencia como peaje,
para que se enrolle Caronte
y nos ahorre un par de infiernos.

Así llegamos hasta esto.

Representando el amor,
como una llave a la que
a más curtido era el vástago le
ibán creciendo nuevas muescas.

Abandonando nuestra pureza
en vete a saber que parque
a medio camino de los bancos
de madera y los columpios,

hasta acabar por fin un día
forzando cerraduras
a base de ternura.

Y salvarnos a pesar de todo.

Cualquiera

Cualquiera

Alguien debería
pintar
de azul
los muros huérfanos de la ciudad

Proponer algún brindis
con el primer café de la mañana

Sonreírle a la gente rancia
aunque solo sea
por desconcertar

Silbar melodías alegres
en las estaciones de metro

Abolir los acordeones
en las terrazas de los bares

Cantar los goles de uno y otro equipo

Causa y defecto

Causa y defecto
Tienes que volver ahí arriba
y pelear duro

otra vez

y otra,
y otra más,
y otra, y otra, y otra...

Esa certeza que siempre abrazas desde el suelo
de que volverás a erguirte a pesar de todo
a darle al mundo su merecido,
es la que amortigua luego
la próxima recaida.

Algo de lo que sentirse orgulloso,
o al menos
a no hundirte nunca del todo.



El broche sería,
dejar luego de zancadillearte tú mismo.

Marinero en tierra (y esta vez no era yo)

Marinero en tierra (y esta vez no era yo)

Mientras una de las gaviotas
desmiga su presa
las otras dos la miran desafiantes
esperando un descuido,
una oportunidad.

Resulta que antes,
al volver de faenar las aguas
los marinos arrojaban por costumbre
las sobras de pan por estribor,
para alimentar a los peces, decían,
para engordarlos cuando llegue mañana.

Y ahora, a eso del atardecer,
todos los días se acerca el viejo
a lanzar desde las balconadas del Paseo
mendrugos de pan a las gaviotas,
haciendo de ese pequeño homenaje
una condena llevadera,
una retirada lenta.


...


No se trata en cualquier caso
del típico viejito bonachón
de banco, parque y palomas;
me digo mientras le escruto.

Más bien es un tipo desairado,
curtido y soberbio,
que se resigna con elegancia
a esa etapa de la vida en la que
los horizontes ya quedan a la espalda

Desde los dieciseis hasta los sesenta
me cuenta el tipo haber vivido
domando las tempestades del azul

Y me lo cuenta manteniendo en todo momento
un pulso firme con la mirada,
hacía los confines del puerto de La Caleta


...


Y se larga al rato sin apenas despedirse,
tras espetar un "si usted supiera..."
con aires solemnes pero honestos,
a mi comentario de que habrá vivido,
por cojones, un montón de experiencias
allá adentro en las entrañas del mar.

Allá adentro, aun imagino mientrás se aleja:
en las malditas entrañas de uno mismo.

En las insondables entrañas del cada quien.

Amor en barbecho

Amor en barbecho
Si sigues por ese plan
mejor será que le des a otro
la escuadra y el cartabón,
que yo vengo ya sobrado
con este compás que me marco
de trazar mis suertes a mano alzada

no te lo tomes a mal mujer,

pero es que no es mi estilo ese
de andar entonando cantinelas
como si fuera un juglar malherido,

soltarte el rollo sempiterno
de que te quiero mi vida,
como nadie te ha querido
y como nadie te querrá

¡Si yo a lo más que aspiro
es a que no me duelan las mañanas!

Y a borrarte si acaso
las penas con la lengua...

Unas pocas máximas

Unas pocas máximas

Hay unas pocas máximas,
no demasiadas en realidad
ni necesariamente insalvables,
que he venido aprendiendo por mis veredas
de canciones, pedradas y cristales rotos,

una de ella es que el talento
no esta tan estrechamente relacionado
con el éxito como nos quieren hacer creer,
ni siquiera cuando tratamos se suplirlo
con sufridas repeticiones y trasiegos
de esfuerzo y voluntad inquebrantable

-para conseguir ese trabajo
no necesitas un gran curriculum,
necesitas un buen contacto-

otra es que si no se atajan
bien las causas del sufrimiento
seguiremos inevitablemente perpetuando
sus consecuencias hasta el límite
de nuestra terca estupidez humana,

-mientras nos maltratamos cotidianamente
el higado, el corazón y los pulmones-

y una última pero no menos importante,
es que un mínimo de lucidez
a la hora de entender
como funcionan los engranajes,
tal vez no proporcione grandes satisfacciones,
pero a la larga
nos ahorrará por lo menos
media docena de hostias.


El resto en realidad son trucos fáciles
para sobrevivir con un mínimo
de serenidad y alegría estoica,

lecciones como que a la hora
de ir al espigón a pescar a mano
la boya tiene que distar lo menos
medio metro del anzuelo y la carnada,

o que cultivar la tristeza
es cosa de cobardes.

Inventario de abandonos

Inventario de abandonos

Creo que fue a eso de los doce,
que dejó de creer en Dios,
y que un par de años después
mató a su padre
a los ojos del señor Freud.

Luego
recién cumplidos los diecisiete
su simiente fue pasto de un amor ingenuo.
O sería quizá
ese amor ingenuo, pasto de su simiente.
El caso es que fue un mal polvo.

A los diecinueve se fue de casa,
volando desde el cascarón
hacía nuevos nidos de alquiler,
con facturas siempre pendientes
y cortes de electricidad por impago.
Pero a menudo con una mochila
de ´tapergüers´ a la espalda.

Pospuso la Universidad para más adelante
al paso siempre difícil de la veintena
y sus vientos de veletas,
pospuso la Universidad para más adelante
como una de esas novelas gordas,
que se dejan
postergadas para otro momento,
para otro momento mejor
que tal vez no llegue nunca.

El tabaco entretanto,
y tal y como suele decirse,
lo abandonó a menudo y para siempre.

También a Andrea,
y también por parte de Andrea
mediarían historias de abandonos.
Hasta que con veinticinco otoños
decidieron abandonarse mutuamente.
Apostar a otro caballo perfecto,
hacer las paces y dejar de correrse.

Cuando al tiempo y ya con ganas
se hizo con su titulo de Humanidades,
-falseado por el mismísimo Rey-,
lo utilizó como Pasaporte
y optó por dejar el país
por curiosidad antropológica.

Eso haría que a su regreso
decidiera que no necesitaba más
el televisor en casa.
Abandonándolo
junto a una escombrera.

Y ahora, que es
asquerosa y serenamente feliz
habiendo abandonado hasta los espejos,
se asoma a la treintena con ganas de partida.

Otra vez sin mecheros en los bolsillos,
arrastrando sin prisas, pero con ganas
los mismos zapatos viejos,

planeando nuevos abandonos;

y admite que sigue bebiendo
a morro desde el tetrabrik,
el zumo concentrado de naranja,
intuyendo algo de virtuosismo
en los posos de su inmadurez.

Y se encoge de hombros
mientras lo piensa...

Occidente accidental

Occidente accidental

Otra navidad inmolándose al paso
de alguna una iglesia nigeriana,

nuevos muertos engrosando
la lista
de los mismos muertos de siempre

como si al sur le sentará mejor
la muerte que al norte,

y al norte le sentara mejor el turrón
de Suchard

Versos ingífugos

Versos ingífugos

Tal vez lo mejor sea
despojarse de las emociones inútiles,
sacudirse los miedos de baja intensidad
empapar las derrotas en un líquido inflamable,
mantenerse a 67 pulsaciones por minuto

habrá entonces que
relamerse el prepucio por costumbre
y no tanto las heridas por defecto,
recrearnos en el pasado solo el tiempo necesario
para apuntalar un par de notas mentales,
rescatar algún que otro verso ignífugo,
arrojar otra cerilla ardiendo a cámara lenta

cuidándonos en cualquier caso
de olvidar que la vida es siempre celulítica,
que todo Dios arrastra a su manera
corazones impostados al borde de la boca,
sueños increíbles que no hay quien se crea,
delirios complacientes para mañana, que hoy
se pudren en el Olimpo de cada azotea

y aun a pesar de los romanticismos muertos
podremos evitar un par de incendios venideros,
aprendiendo a encajar los golpes con el estómago,
endureciéndonos la corteza como pan de ayer,
aspirando a más pero contentándonos con menos,
persiguiendo realidades en vez de imposibles
siempre sin pausa y siempre sin prisa

aceptando que el dolor es inevitable
solo mientras duele,

y que la vida es un chiste malo
con el que al menos echarnos a reír,
sin esperar que la radio anuncie que por fin es viernes

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A fin de cuentas

A fin de cuentas

Padezco hoy
un estatismo inquietante,
una contradicción
que
siempre cae de canto,
un diagnóstico
más reservado que nunca

desprecio
el ilusionismo por receta,
la de todos
esos prestidigitadores
que desde su atril
disfrazan de primaveras
los otoños que se esconden
en la manga

empatizo mejor con
esas liebres
atrapadas tras la escena,
que no distinguen los martes
de los viernes
y se entregan a fornicios de chistera

me digo a mi mismo,
que esto va de pragmatismos

que debería aprender
a conjugar las recaidas
con el equilibrio,
pero
me vengo abajo a la media hora
y cambio de estrategia
por temor a la medianoche

así que me presto
a las respuestas fáciles,
al mutismo ajeno y a la codeína,
a reprogramar mi alma
en modo verbena

a mantenerme
a fin de cuentas,
lejos
del alcance de
mis propias balas

Lastre

Lastre

La melancolía es un payaso triste,

una amante turbia y peligrosa,

un preterito sugerente
e imperfeco
que te secuestra y te retiene
dentro de ti mismo.

La melancolía es un disparo del pasado,

un simulacro de verdades
que hoy desde luego,
 
no te convienen.

Mantra de emergencia

Mantra de emergencia

Sostén esa sonrisa.
Sostenla mientras puedas
sin titubear.

Y cuando te veas de nuevo
envuelto en calma.
Cuando la vida burlona e
indescifrable como siempre es,
se postre sumisa a tus pies
dejándose asir de la cintura.

Relájate.
Y disfrútalo.

Antes de que vuelva ELLA
disimulando la vergüenza
y los silencios,
con aires de ciclón.
Robándote la paz,
las horas
y la cazadora.


Sostén esa sonrisa
cabrón,
que estas de enhorabuena.


Al menos a estas alturas sabes
que tan solo se trata
de escribirle a las ausencias
para apaciguar la caída.

De dormir un poco
y pasar página.

Incógnito ergo sum

Incógnito ergo sum
Uno sabe, pero se olvida de que sabe,
que nada es para siempre*

Y esa es la única artimaña posible
para sobrevivir
sin subordinarse
a los dictados categóricos de la razón,

echar unos cuantos polvos,
viajar, ver mundo,
enamorarnos,
y reír los chistes malos,

olvidando
que todo lo que existe,
todo lo que somos,
es un liviano e insignificante
despertar
que no va a ninguna parte,

que somos tan fugaces
como una brisa de verano,

tan inútilmente maleables
como plastilinas de colores
en manos de un niño pequeño,

condenados a irnos a dormir
cuando acaben los dibujos animados.


* de la película "Lugares Comunes" de Adolfo Aristarain

Crisis

Crisis
Cada vez que me hablan de "La crisis",
no puedo
evitar recordar a aquel taxista cubano,
que, entre carcajadas, nos contaba
como se debe rebozar y freír
una zapatilla

Habana vieja allá por el 89, decía...

Y aunque no nos dijo la proporción exacta
de harina y de aceite vegetal,
si contaba que a la hora de comérselas
le echaban por costumbre,

un par de huevos.

Prófugos

Prófugos

Nos hicimos creer
a base de un autoengaño complaciente
que el tiempo todo lo cura,
sin ser conscientes de que es precisamente
nuestro enemigo más voraz,
aquel que todo lo enferma en realidad.

La única salida posible era
tratar de escapar
de sus fauces por momentos.
Ningunearlo y hacerlo a un lado
en un ejercicio de lucidez pragmática.
Obviar su existencia y sus casillas
cuando nos fuera posible:

en los brazos de alguna Venus,
en un ataque espásmico
de risas contagiosas con los amigos,

o con el cigarro del café.

Momentos todos ellos finitos,
para nuestras desgracias.

Además,
para tan grandilocuente empresa
debiamos huir de una cárcel infranqueable,
del nosotros mismos

Incapaces
como eramos,
de trazar ese plan de fuga
que nos conviertiera en prófugos perfectos.

Retazo

Retazo

Te confieso que me abracé con fuerzas
durante mucho tiempo
a aquella, mi conjura personal,
de que el estoicismo se adquiere
a base de quemaduras de segundo grado,

a mis dogmas salvavidas y prefabricados
de que a falta de gasolina,
es el olvido
el no va más de los corrosivos,
y que siempre estaba de oferta
lo más lejos posible de tu vera

Me abracé a toda esa clarividencia forjada
a base de cervezas y dostoievskis

Me inventé todo ese subterfugio de la razón
para aprender a sobrevivir sin ti

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Once versos

Once versos

Sometidos a la servidumbre
de los pensamientos cruzados
seguiremos condenados
al murmullo de este roce de papel
con la tinta demasiado adulterada
y la polla en cabestrillo,

por qué final se trata de nada,
de todo y de lo de siempre,
de fruncir un poco el ceño,
de tener que apretar los dientes...
y once.

Trayectos cortos

"Una conciencia demasiado clarividente es una enfermedad" 
me susurra a los ojos Dostoyevsky en el tren de cercanias
mientras me mira con desprecio un niñato de unos veinte años
que saca brillo con la manga al simbolo plateado de sus deportivas

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