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DELIRIOS DE flaqueza

Una vida tranquila

Una vida tranquila

Ahora que ha terminado todo
es posible que me retire de la ciudad
y me recoja en un piso de alquiler,
tercera linea de playa,
balcón de espaldas al mar,

-abdicando de mi condición
inmadura de rey del gallinero
para convertirme en un
pringado más, con butaca
de segunda en la platea-

y puede entonces que
adopte un podenco en la perrera,
o me compre un albornoz
a precio de saldo en el supermercado,
que acabe por dedicarle una tarde entera
a devolver los cedés de los noventa
a sus carátulas de ayer,

que abrace la
en el fondo siempre fatigosa,
vida tranquila,
nido de mansedumbres,
de revistero lleno de suplementos dominicales
siempre y todavía, pendientes,
a medio leer...


Ahora que ha terminado todo,
puede, me temo, que empiece lo peor.

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