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DELIRIOS DE flaqueza

Instinto

Instinto

Por más que me empeño
en domarme a mi mismo,

que cojo y me entrego
a las bondades de la sensatez,
al deporte, la lectura,
a la dieta mediterránea…

tarde o temprano
siempre acabo por claudicar.



Por más que me enorgullezco
de alicatarme mis días al gusto
a golpes de perseverancia
y a fuerza de escroto,

de sobrevivirle a tantas
convenciones sociales
sin tener que mercantilizarme,

por más que me crezco,
acabo por ceder.
Acabo por

caer.



Tal vez sea cosa
de la doble hélice,
de un desorden nucleótido,
y una predisposición genética
autodestructiva y canalla,
pero por más que trato de evitarlo,
cuando todo va demasiado bien
necesito escapar de tanta pulcritud
y enterrar las buenas costumbres.



Transformarme en instinto puro,
hacer trampas hasta consumirme.



Y arrastrarte conmigo.

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A fin de cuentas

A fin de cuentas

Padezco hoy
un estatismo inquietante,
una contradicción
que
siempre cae de canto,
un diagnóstico
más reservado que nunca

desprecio
el ilusionismo por receta,
la de todos
esos prestidigitadores
que desde su atril
disfrazan de primaveras
los otoños que se esconden
en la manga

empatizo mejor con
esas liebres
atrapadas tras la escena,
que no distinguen los martes
de los viernes
y se entregan a fornicios de chistera

me digo a mi mismo,
que esto va de pragmatismos

que debería aprender
a conjugar las recaidas
con el equilibrio,
pero
me vengo abajo a la media hora
y cambio de estrategia
por temor a la medianoche

así que me presto
a las respuestas fáciles,
al mutismo ajeno y a la codeína,
a reprogramar mi alma
en modo verbena

a mantenerme
a fin de cuentas,
lejos
del alcance de
mis propias balas

Lastre

Lastre

La melancolía es un payaso triste,

una amante turbia y peligrosa,

un preterito sugerente
e imperfeco
que te secuestra y te retiene
dentro de ti mismo.

La melancolía es un disparo del pasado,

un simulacro de verdades
que hoy desde luego,
 
no te convienen.

Infanticidios

Infanticidios

La gente por lo general
se va acostumbrando a paladear
el sabor de sus derrotas.

Empiezan por decirse aquello del
“¡Bueno! Es solo por un tiempo,
hasta que encuentre algo mejor”


Un trabajo más gratificante,
una novia más atenta,
unos amigos más afines.
Un perro que no se mee
al bajarlo por las escaleras.

Una vida que nunca llega
si uno no está dispuesto
a magullarse un poco...

Y con el tiempo muchos
se van borrando. Apagándose
como la lumbre de las candelas.

Bajan los brazos resignados y
postergan para siempre la lucha
contra sus circunstancias.

Caminando como lemmings hipnóticos
hacia el otro lado de la pantalla.

Y en el peor de los casos,
enorgulleciéndose en sociedad
de la ingente cantidad de mierda
con la que han acabado por sepultar
al niño que llevaban dentro.

Mantra de emergencia

Mantra de emergencia

Sostén esa sonrisa.
Sostenla mientras puedas
sin titubear.

Y cuando te veas de nuevo
envuelto en calma.
Cuando la vida burlona e
indescifrable como siempre es,
se postre sumisa a tus pies
dejándose asir de la cintura.

Relájate.
Y disfrútalo.

Antes de que vuelva ELLA
disimulando la vergüenza
y los silencios,
con aires de ciclón.
Robándote la paz,
las horas
y la cazadora.


Sostén esa sonrisa
cabrón,
que estas de enhorabuena.


Al menos a estas alturas sabes
que tan solo se trata
de escribirle a las ausencias
para apaciguar la caída.

De dormir un poco
y pasar página.

Percepciones

Percepciones

No hay grandes verdades,

no hay premio final
(ni de consolación tampoco),
no hay ideologías
que no adolezcan de si mismas,
ni dioses,
ni más milagro
que el de lo improbable,

no hay segundas oportunidades,
porque
en realidad,
no hay siquiera
primeras oportunidades;

no existe filantropia
que aguante
más de tres asaltos
sobre la lona,

hay muy poco amor
y demasiado romanticismo,

naúseas pandémicas
disfrazadas de autocomplacencia
por doquier,

suicidas y sicarios compartiendo la mesa,

civilizaciones enteras brindándose
Salud!"
con copas de cicuta.







En realidad no hay demasiado
por lo que valga la pena
partirse la cara,
y tal vez sea esa
una buena razón para intentarlo...


Tal vez no...










No hay grandes verdades.

Incógnito ergo sum

Incógnito ergo sum

Uno sabe, pero se olvida de que sabe,
que nada es para siempre*

Y esa es la única artimaña posible
para sobrevivir
sin subordinarse
a los dictados categóricos de la razón,

echar unos cuantos polvos,
viajar, ver mundo,
enamorarnos,
y reír los chistes malos,

olvidando
que todo lo que existe,
todo lo que somos,
es un liviano e insignificante
despertar
que no va a ninguna parte,

que somos tan fugaces
como una brisa de verano,

tan inútilmente maleables
como plastilinas de colores
en manos de un niño pequeño,

condenados a irnos a dormir
cuando acaben los dibujos animados.


* de la película "Lugares Comunes" de Adolfo Aristarain

Crisis

Crisis

Cada vez que me hablan de "La crisis",
no puedo
evitar recordar a aquel taxista cubano,
que, entre carcajadas, nos contaba
como se debe rebozar y freír
una zapatilla

Habana vieja allá por el 89, decía...

Y aunque no nos dijo la proporción exacta
de harina y de aceite vegetal,
si contaba que a la hora de comérselas
le echaban por costumbre,

un par de huevos.

Prófugos

Prófugos

Nos hicimos creer
a base de un autoengaño complaciente
que el tiempo todo lo cura,
sin ser conscientes de que es precisamente
nuestro enemigo más voraz,
aquel que todo lo enferma en realidad.

La única salida posible era
tratar de escapar
de sus fauces por momentos.
Ningunearlo y hacerlo a un lado
en un ejercicio de lucidez pragmática.
Obviar su existencia y sus casillas
cuando nos fuera posible:

en los brazos de alguna Venus,
en un ataque espásmico
de risas contagiosas con los amigos,

o con el cigarro del café.

Momentos todos ellos finitos,
para nuestras desgracias.

Además,
para tan grandilocuente empresa
debiamos huir de una cárcel infranqueable,
del nosotros mismos

Incapaces
como eramos,
de trazar ese plan de fuga
que nos conviertiera en prófugos perfectos.

Retazo

Retazo

Te confieso que me abracé con fuerzas
durante mucho tiempo
a aquella, mi conjura personal,
de que el estoicismo se adquiere
a base de quemaduras de segundo grado,

a mis dogmas salvavidas y prefabricados
de que a falta de gasolina,
es el olvido
el no va más de los corrosivos,
y que siempre estaba de oferta
lo más lejos posible de tu vera

Me abracé a toda esa clarividencia forjada
a base de cervezas y dostoievskis

Me inventé todo ese subterfugio de la razón
para aprender a sobrevivir sin ti

Once versos

Once versos

Sometidos a la servidumbre
de los pensamientos cruzados
seguiremos condenados
al murmullo de este roce de papel
con la tinta demasiado adulterada
y la polla en cabestrillo,

por qué final se trata de nada,
de todo y de lo de siempre,
de fruncir un poco el ceño,
de tener que apretar los dientes...
y once.

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Calendarios nuevos. Viejas mentiras

Calendarios nuevos. Viejas mentiras

Por fin se van acabando los trámites y los protocolos
de esta abyecta división administrativa del calendario.
Se acabo la tregua, volvamos a las trincheras.
A los ombligos.
El que esté libre de pecado que queme la primera piedra,
que cambie de canal, que pase página y frunza el ceño.

Que le va a dar igual.

Los resortes siguen ahí esperando ser activados:
la nostalgia agazapada en estribillos tristes,
la lujuria ajustándose el liguero, mordiendose el labio,
los miedos sacando pecho desde el fondo del cajón,
las vergüenzas maquillándose en espejos ajenos.

Todo en su sitio, como lo dejamos al cerrar la puerta.

Arderán otras equiscientas hectáreas a finales de junio,
y la vecina del séptimo seguirá cada segundo lunes del mes
buscando en las estanterías del Alcampo su marca de champú.
Extractos de rosas salvajes del Sahel, para revitalizarse el alma.

Todos quieren dejar de ser esclavos de si mismos, de repente.
Del tráfico y de la grasa. Barrer con la inercia y el empirismo.
Encontrar esa fórmula arcana que pone a cero los relojes,
espoleandose las cabalgaduras hasta hacer sangrar la crin.
Sin comprender, que para llegar un poco más lejos,
a veces es necesario retroceder demasiado.

Y arde Troya cada año, con la misma cancioncilla de fondo.
La mismas cajas de música, la bailarina de mirada triste,
los pies cansados de girar, y girar, siempre hacía el mismo lado,
y esa sensación infinita del no llegar nunca a ninguna parte.

Año nuevo, vida nueva. Una y otra vez,
hasta que se oxide el engranaje o echemos a volar.

BORRADORES

BORRADORES

Paradoja sangrante

"El escéptico quisiera sufrir, como los demás,
por las quimeras que hacen vivir.
No lo consigue: es un mártir de la  sensatez"
E. Cioran

Confieso que he cambiado

Ahora que me he declarado apátrida por vocación,
echo de menos las tostadas con aceite de oliva y sal,
y de un tiempo a esta parte me enciendo los cigarros con cerillas

Habiéndome abandonado al hedonismo de la indiferencia
transito distraido por estas aceras que ya no sueñan con baldosas
y si me atracan a punta de pistola, sonrio y doy los buenos días,
cuan acérrimo cliente de un plan de pensiones haciendo cola en la sucursal

Y abandonando la busqueda de la felicidad por no desgastarme,
confieso que a ratos fuí un poco más feliz de lo que nunca sería

Circunflexo

Abrirse las venas al cerrar los ojos y sangrar palomas muertas...
al escribir sin tabaco se dispara la incoherencia, se ignoran los acentos,

hordas de ignorantes que ni siquiera ansian saber la magnitud de lo que ignoran,

Darwin tenía razón en cuanto al dualismo indivisible
de la eterna lidia del ser con su entorno,
adaptarse o morir,
Simba es el rey de la selva,
Hakuna Matata,
degollemos a una cebra...

Adam Smith fue malinterpretado
adrede,
y se quedarón con la mano invisible del mercado
que es la misma que mece la cuna con tanta fuerza
que asolan terremotos en América Latina

No hablo yo, hablan mis pupilas inyectadas en rabia
porque hay cosas que uno no quisiera saber,
pero las sabe,
como que una vaca en Europa
recibe más dinero para subsistir que un subsahariano,
pero no te escandalices,
tan solo tenlo presente cuando te bebas un vaso de leche,
ya lo decía Nietzsche
"no soy tan grande como para no ser como soy
pero lo suficientemente grande para no renegar de serlo"
aunque en realidad versaba más sobre los vicios y reconocerlos

Y Maquiavelo, a falta de princesas, lo único que pretendía era contar un cuento
pero se le fue la mano...

Trayectos cortos

"Una conciencia demasiado clarividente es una enfermedad" 
me susurra a los ojos Dostoyevsky en el tren de cercanias
mientras me mira con desprecio un niñato de unos veinte años
que saca brillo con la manga al simbolo plateado de sus deportivas

Amistad kilometral

Amistad kilometral

A menudo,
nuestra amistad radica
en no comernos las pollas.

En no necesitarlo.

Eso lo hace más auténtica
y menos dependiente que ninguna.

Aun así,
ahora que languidece el presente
echo de menos más que nunca a esos cabrones.

Enfrentados con el mundo,
con esa cara de pocos amigos
que tienen los perros viejos andaluces.

Escrutando en el fracaso,
un atisbo de victoria original.
En la afrenta común de siempre
de sobrevivirle a la vida con descaro.
En el anhelo de driblar al destino
con un gesto de calidad en el último minuto..

Por eso cuando me despedí de ellos les dije:
"sobran las palabras".

Y me fui.

Pero tambien por eso hoy echo en falta
esos abrazos que me convierten en un tipo duro.

Y el volver a burlarnos juntos
del orden azaroso de las cosas,
y hasta de la más impávida tristeza.

Punto y seguido

Punto y seguido

Hasta aquí hemos llegado, eso es indudable. Lo que venga desde ahora son tan solo vacilaciones. Un par de poemas de mierda. Un juego de azar sin instrucciones. Y hoy tan solo la insuficiencia expresiva de la que adolezco podrá ponerle fronteras a este harakiri de bolígrafo bic de punta fina. Tan solo la complicidad de esta botella de vino y esta mesa de madera sin pulir saben de lo que hablo. O intuyen cuanto callo. Tanta incertidumbre. Quien pudiera sodomizar tanta nausea de un plumazo y prenderle fuego a la primavera.

Con toda esa ignorancia regodeándose por las calles estamos perdidos. Todo ese saber estar rindiendo pleitesía a la moralidad barata. Romeo era un convicto y Julieta era una puta, alguien se encargo de venderlo como una historia de amor. This is the end, my friend y aquí estamos. Bienvenido a la eclosión del Marketing agresivo. Al final todos estaremos muertos. Tan solo quedará la memoria. La memoria, ese perro estupido de Ray, al que cuando le tiras un palo te trae cualquier otra cosa. Go to hell. Y a todo esto, la otra noche dirimíamos en la azotea la definición de un polvo sucio. Pero eso ahora es otra historia. Otro cuento. Maldita memoria.

A veces echó en falta su mirada atenta y el mutuo engaño de entendernos. Hablo ahora de mi perro. Echo de menos sacarlo a pasear bajo las lloviznas de abril. Por lo demás apenas me quejo. Hay demasiado niño de siete años esnifando terokal por estas calles como para quejarse. Pero eso no quita la otra noche me encontrase vencido. Demasiado vencido como para acabar de escribir esto. Esperando que alguien me tendiera un par de ases por debajo de la puerta. Y que despues se largara. Que se largara sin hacer ruido.

Nadie sabe con certeza que pasará cuando cese el blues sordo que se cuela por la ventana. Nadie sabe si volverán a cruzar el cielo esa ornada de pájaros negros. El caso es que aun seguimos vivos aunque estuviéramos equivocados. Y que quizás gracias a tanto error ahora estemos en lo cierto. Con el corazón curtido y la piel de lagarto. Aunque algo más cansados. Porque esto no es más que una batalla constante contra un ejército de espejos. Y hay que dominar el reflejo. Hacerse fuerte cada dia. Aparentarlo al menos. Enfrentarse al miedo. El caso es que hay que estar en guardia. Siempre atentos. El mejor consejo del mundo puede leerse en un tetrabrick de leche semidesnatada: “una vez abierto el envase debe mantenerse refrigerado”. Eso es lo único que nos mantendrá en pie. De lo contrario acabaremos por pudrirnos.

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Vidrio y vorágine

Vidrio y vorágine

Es duro darse cuenta.
Respecto al pragmatismo y la coherencia digo.
Con los años te estas haciendo cada vez
más socialmente correcto.
Y eso es una mierda.
Un estercolero que apesta a buenas maneras.
Admites receloso que la autodestrucción
no parece una opción loable,
por aquello de que cumplas
con la finalidad última de sus pretensiones
y acabes dos metros bajo tierra
o en una urna barnizada sobre el televisor.

"No quedan más salidas que medirse uno mismo" te dices...
mientras te diagnosticas con aforismos siempre demasiado escuetos,
estirpando con versos los miedos que afloran en el fluir de la tinta roja.

Simétrica desproporción de esquirlas de metralla,
dentelladas serenas sobre la crin impoluta,
ensañamiento visceral a la altura del ombligo,
semillas de sésamo rodando sobre la almohada,
regueros de odio convertidos en fertilizante,
nocivo destelleo de eyaculaciones pirotécnicas,
remiendo de dudas destiladas en almíbar enmohecido,
asteriscos escuálidos en el margen izquierdo de la razón


Cualquier cosa con tal de no decir nada
ahora que se corren las horas sobre el minutero...

Aun con todo, el optimismo y la moral barata te siguen produciendo arcadas
y por eso tienes ganas de agarrar una botella y estamparla contra el suelo
aunque sea tan solo por gozar un segundo del estertor agónico de los cristales.

Pero sabes que despues acabaras por empuñar una escoba con la diestra
y barrer resignado con la cabeza gacha los restos de aquel malditismo errante
al que un dia sucumbiste desde el precipício vertiginoso de los taburetes,
sonriendo como un cabrón hedonista seguro de si mismo que juraba venganza
ante el mediocre desfile de respuestas faciles que contentaban a los cualquieras

Profiriendo amor incondicional al disfraz perpetuo de las madrugadas...

Pero hasta la desesperanza sucumbe con el tiempo
a la combustión de las verdades
y a las noches mas sinuosas tarde o temprano
acaba por corrersele el rimel por la mejilla,
descubriendose la mentira tan bien contada
de los carpe diem que agonizan en el desfiladero

Y resulta ser con la luz del sol cuando se vislumbran los horizontes,
y se desnudan las oportunidades susurrandote al oido "follame como nadie..."

Hay que joderse, te dices,
ya podías haberte dado cuenta antes...

Entre ardores y maullidos

Entre ardores y maullidos

Sobrevivir a la vida últimamente se convirtió en algo así
como intercalar cigarrillos y pastillas para la garganta,
gastándose en ron miel el dinero de los mucolíticos.
Hay que cuidarse joder. Dejarse de poner hielos al asunto
que últimamente si de algo andamos sobrados, es de frío.
De tanto forrarnos los cueros con piel de lagarto errante.

La aristocracia de barra, el trío de jotas después de cristo,
ese codo con codo que hace que nunca nos demos la espalda.
Aceptémoslo, se nos hizo demasiado tarde para escrutar el olvido,
tarde aun para volver a marearnos con el humo del primer pitillo,
será por eso que para esconder las cicatrices nos dejamos crecer la barba

Al final lo único que cuenta es el suicidio cotidiano de lunes por la mañana
ganar y perder para volver a lanzar con rabia los dados contra la pared. Otra vez.
Afilarse los dientes por si toca morder. Endulzarse la lengua por si toca besar.
Habrá que aceptar que el amor no es más que una ecuación imperfecta
resultado del cuadrado del cariño y la lealtad, precedido por pasiones perecederas

Si todo se resume al final a la volatilidad de los estados de ánimo
al insolente crepúsculo de un puñado de dioses muertos,
a la contundencia de la duda, a la fragilidad del verso,
a un par de frases ingeniosas y un puñado de chistes,
al lacónico maullar de los gatos bajo el motor de los coches
que intentan evadirse del frio del invierno para meses más tarde
verse buscando una sombra con la que burlar el calor del verano.

Si todo se resume a eso, aceptémoslo y maullemos

Maullemos boleros a deshora en los bares,
Maullemos entre sabanas moviendo el rabo,
Maullemos panza arriba si nos venimos abajo,
Maullémosle a la luna llena en las noches claras,
Maullemos a la noche oscura que nos vuelve pardos,
Maullemos como nunca, cuando nos cansemos de maullar

A fin de cuentas
no hay nada de malo en ello.
Moverse por impulsos irracionales.
Saborear a solas la dulzura que supone
el vestir a destiempo las sonrisas más amargas,
y no hacer nada por resguardarse del cáncer de la lucidez

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